lunes, marzo 28, 2011
La Teoría del Ciclo Amoroso - El Auge
Hoy, sola en un hotel, con el corazón medio roto—no digo completamente roto, porque conservo un poco de lucidez para entender que pudo ser, y de hecho ha sido, peor—obviamente no me queda más que meditar sobre mis tropezadas experiencias amorosas. Tanto lo he analizado (sola en un hotel, ¿ok?), que finalmente me di cuenta de que, tal cual la mejor teoría ganadora de premio Nobel, el amor, oh cochino entrañable amor, no es más que un eterno ciclo.
Mi sobredosis de galletas Florentinas con sabor a fresa, cortesía de Air Panama, me permite entender que en el amor se viven exactamente las mismas etapas del ciclo económico. Y como a mi me encantan las descripciones con bullets, procederé a darme este gustito a continuación:
• Auge: Sí, sí. Vas feliz por la vida. Ya sea porque nunca has vivido el desamor, o porque ya se te había olvidado. Este es el momento cumbre de la felicidad. Revoloteas por tu existencia sin preocuparte por nada ni por nadie. Tú corazón, simplemente por estar sano, puro, limpio, feliz, se encuentra con otro corazón afín al tuyo.
La clásica y vívida ilustración de este momento la vi hace un par de noches en Marea. Yo tomaba sangría con dos amigos, luego de ver “Amigos con Derechos”. Trataba de sacarme la ridícula idea de mi cabeza de que dentro de seis semanas mi ex novio tendrá una maravillosa epifanía en donde se dará cuenta de que no puede olvidarme, de que me ama con locura, con cada uno de mis defectos, y vendrá corriendo a buscarme. Por supuesto, no sin darme la satisfacción de llamarme antes para que yo pueda darme el pequeño lujo de rechazarlo y hacerlo arrastrase un poco.
Me bebía mi sangría como quien quiere beberse una idea enfermiza y mala para luego botarla fuera de su cuerpo convertida en lo que en realidad es: ¡mierda! Escuchaba a dos de mis amigos, los cuales están en la misma etapa del ciclo que yo. Miro a mi alrededor, como siempre, para ver el panorama, y mi vista se detiene en una interesante, emotiva y tierna escena de auge amoroso: una mesa con una pareja.
La chica, linda, con vestuario no muy casual, no muy formal. Un clásico sueter blanco, jeans y botines. Maquillaje suficiente para encantar a su cortejante sin hacer pensar que se esmeró demasiado en ello. Él, con atuendo casual también, pero aquel que deja claramente establecido “tengo status, recursos y además soy guapo”.
--Seguro que tiene un Audi—se atrevió a asegurar Rauli.
Ambos tomaban Coronas, uno frente a otro, conversando y sonriendo despreocupadamente. Eran tan estéticamente perfectos y se veían tan armónicos juntos que no pude pasarlos por alto e imaginarme una pequeña historia en mi cabeza.
Ooooh, éxtasis, felicidad, optimismo. Pensemos en la chica de Marea. Si es nueva en el ciclo, en ese momento ella estaba comprobando que existe la magia, el destino, Dios, los ángeles y San Antonio.
Pero lo más probable es que la chica Marea ya ha pasado por uno o varios ciclos. Tomando su cerveza se reía para sí misma, convencida de que la vida la estaba premiando, finalmente, por tanto sufrimiento, llanto derramado, tanto sapo besado. Es que después de la recesión, depresión y recuperación tenía que llegar algo muy bueno.
--Mírenlos que felices—dije. No tardará en dejarla en su casa y darle un beso. Ella le mandará un BlackBerry chat a alguna amiga a contarle que su cita fue un éxito, que él besa muy bien y que se divirtió mucho. Se llamarán, se volverán a ver un rato en la semana, se verán el fin de semana, se enamorarán…
Corazón y corazón se unen por siempre en una caricia del alma (aquí cito a los sabios Huevos Poetas). Se juran amor eterno, porque “esto nunca antes lo había sentido tan intensamente”. Hacen planes para el futuro, se complementan perfectamente. El mundo no existe, las horas se pueden exprimir hasta el último segundo, las llamadas nunca son muy largas, no hay lugar aburrido, ni conversación donde no se deje estipulado, entre líneas, que “porque es que pasaremos el resto de nuestras vidas juntos”.
La gente los felicita, los envidia, quieren también formar su propia burbuja de amor… Pero burbuja, como tal, corre el riesgo de reventarse…
miércoles, marzo 23, 2011
¡Los treintas NO son los nuevos veintes!
Sí, tengo treinta años. Y que nadie me diga que los treinta son los nuevos veintes. Los veintes están llenos de inmadurez, caprichos, confusión, irreverencia. Los veintes para mi significaron tropezarme una, dos, tres, incontables veces con la misma piedra. Fui terca, fui perezosa, elegí la diversión en lugar del deber y fui niña con la excusa de “tan sólo tengo 20 años”. A los veinte no tenía una carrera, un trabajo soñado, un deseo certero de algo que no fuera saber cómo complementar la diversión con el cumplimiento de mis obligaciones.
No me arrepiento ni un poquito, cada chiquillada que cometí me enseñó a ser la mujer en la que me he convertido hoy. Cada persona que se topó en mi camino y viajo conmigo montada en el mismo “vagón de los veinte” me dio vida, alegría, tristeza, desesperación, decepción, fascinación, crecimiento y un torrencial de emociones que no caben en una sola década.
Me insisten, ¡ pero si los treintas son los nuevos veintes! Pero, ¡es que no! Yo no quiero tener veinte. Ni quiero que me digan que estoy en los “nuevos” veinte. No necesito renovar mis veinte años. Mi edad no es una visa a punto de expirar, si no un pasaporte abierto a vivir cada segundo de mi existencia con madurez, calma y control, pero a la vez con calidez y una pasión que sale del fondo de mi corazón y que no riñen ni ignoran a mi cabeza.
Ahora puedo hacer todo lo que hacía a los veinte años, pero mejor. Puedo viajar sin tener que escoger entre tener una buena cena o comprarme un lindo recuerdo. Puedo tomar cócteles y disfrutarlos, no beber tragos como si se fueran a acabar de un momento a otro. Puedo conversar con quien sea sobre el mundo entero, en lugar de hablar con mi grupito de siempre sobre trivialidades. Puedo amar con gran pasión y duradera sensualidad, en lugar de enamorarme con efímera locura.
Y siendo aún más vanidosa, tengo el mejor cuerpo que he tenido en mi vida, porque tengo el conocimiento y la conciencia para cuidar mi salud.
Sí, tengo treinta. Son los treinta que siempre han existido, los treinta que han vivido y viven miles de personas, pero son nuevos para mí. No me he casado, no he tenido un hijo, no he escrito un libro, no he sembrado un árbol, pero tengo aún tiempo para hacerlo y realmente aún no tengo demasiada prisa en ello.
Así es, yo tengo treinta. Pero aún así me gustan las fiestas, los videojuegos, reírme de tonterías, tirarme en la arena y desentenderme de vez en cuando de lo que pueda suceder en el futuro o lo que pase en el resto del mundo.
Ya pasaron mis veintes y los usé para explorar todas las posibilidades que me dio la vida en ese momento. Ahora tengo treinta y mis sentidos, cerebro y espíritu están mucho más desarrollados para gozar con aún más intensidad, vehemencia y cordura todo lo que me depara esta década.
Algunos momentos que pasaron por mí a mis veintes, fueron como relámpagos. Rápidos, intensos, golpeándome con tanta luz que me quedé ciega. No quise ver, no quise aprender. Más de un corrientazo eléctrico tuve que recibir para aprender las premisas más básicas de la vida. Incipiente, voluble, antojadiza, irreverente, sí, lo fui. Pero son rasgos que van normalmente asociados con los veintes, o por lo menos con mis veintes. ¿Ahora que me espera a los treinta? Si Dios me lo permite, lo sabré todo dentro de diez años, y estoy lista para atesorar cada segundo bueno, bonito, feo y malo de mi nueva y maravillosa década. ¡Mis treinta años!
martes, marzo 16, 2010
¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar?
Sin duda, lo primero. El trabajo es importante, necesario, vital, inevitable. Hasta aquellos felices seres mantenidos tienen como trabajo mantener contento a su benefactor. Un trabajo muchas veces nos define, nos identifica; y hay una muy delgada línea entre que nuestro trabajo deje de ser lo que hacemos y se convierta en lo que somos.
En mi caso, mi historial laboral ha sido tan variado, tórrido y tormentoso que podría compararlo con mi historial de relaciones amorosas.
Primer Acto: El Ministerio
Fue fácil de conseguir, fácil de manejar. No era nada y yo al principio pensaba que era lo máximo. Me pagaba de muy mala manera, pero eso me bastaba y me sobraba. De todas maneras, no me exigía mucho, así que no importaba. Pero una vez pasada la emoción de estar viviendo una nueva experiencia, comencé a aburrirme. Además, me comenzó a parecer muy poco lo que recibía. Vi que a mi alrededor había opciones más importantes e interesantes, y en donde podrían aprovecharse más mis talentos. Así que me busqué otro, lo cual fue tan fácil como ir por pan a la tienda.
Segundo Acto: The PR Agency
Estaba segura de que, al haber tenido mi peor-es-nada, ya estaba caminando por la senda que me llevaría directo al éxito. Mi seguridad se disparó al cielo y empecé a hacer planes y tomar decisiones. Las discusiones y argumentaciones no tardaron en llegar, junto con la frustración por "no ser valorada ni entendida". Al ver terminada mi luna de miel, nuevamente me busqué otro.
Tercer Acto: La Agencia de Publicidad
Era demasiado divertido. Las fiestas y reuniones sociales no paraban. Abrió mis ojos a un mundo que no conocía: el del arte aplicado a la comercialización. Me enseñó a tutear a todos aquellos a quienes antes yo les hablaba de "usted", a desechar los sacos formales y a añadirle pulgadas a los tacones de los zapatos que usaba para la oficina. Aprendí que las reglas y procedimientos te ayudarán a automatizar y explicar las cosas, pero nunca te harán brillar. Vi y conocí mucha gente, y comencé a ser vista. Me convertí en una especie de esposa dedicada/amante cautiva/prostituta de burdel haciéndole creer a todos y cada uno de mis clientes que eran el único, el más grande, el más importante, el mejor. Me vi forzada a crear la ilusión de que era cinco mujeres en el cuerpo de una, con el fin de poder complacer a todos.
Lástima, también me enseñó a ser superficial, a pensar que la importancia de "quién eres" estaba ligada a "qué estilo de vida llevas" y a pensar que necesitaba más cosas para poder sobresalir. Esta necesidad me llevó a decir inmediatamente que sí cuando otro tocó a mi puerta.
Cuarto Acto: La Empresa de Tecnología
Fue el más corto, pero el más intenso. Me hizo sentir muy grande, y también muy pequeña. Por primera vez tuve logros y fracasos totalmente míos. Lo tuve todo: entusiasmo, expectativa, alegría, confusión, lágrimas y rabia. Me subió el status, y me dio cosas que ningún otro me había dado. Pero todo lo que puse allí ya lo había hecho antes. Si me enseñó algo, fue a manejar mis emociones en un entorno totalmente ajeno a mi mundo personal, y a enfocarme en metas en común. Tantas emociones terminaron por desgastarme, así que, una vez más, me fui con otro.
Quinto Acto: El Periódico
No he cerrado este capítulo, ni me siento lista para ello. Me ha dado vida, valor, coraje, determinación, grandeza, éxitos, tristezas, vacíos. Me ha hecho tan fuerte e independiente que un día me di cuenta de que ya yo no estaba en mi trabajo, sino que mi trabajo estaba en mi; lo cual me hizo inmune a cualquier cosa que me dijeran—o no me dijeran—quienes no estaban allí para vivirlo conmigo. Y además de eso, me dio una familia. Familia cuyos miembros han tomado su camino, por lo que yo estoy por hacer lo mismo.
¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar? Luego de pocos, pero intensos años como mujer profesional, sé que la respuesta es y no es simple. Trabajar para vivir, sí. Pero trabajar con alegría, con pasión, con el deseo de ser grande. Y para vivir bien, dándose gustos y contenta por lo que has logrado y lo que haces.
Definitivamente todavía no estoy lista para cerrar mi actual capítulo, pero vaya que me muero por abrir el próximo, teniendo la eterna pregunta en mente: ¿Será este "the one"?
miércoles, enero 06, 2010
Los Tres Reyes Silvestres
Por ahí ronda un chiste, entre gracioso y cruel, de qué podría haber sucedido si los tres sabios personajes que fueron a adorar al niño Jesús hubiesen sido mujeres. Como mi imaginación es muy volátil, yo me imagino qué hubiese pasado si los Reyes Magos hubiesen sido políticos panameños.
Diría la leyenda que tres sabios gobernantes panameños fueron elegidos de "a dedo" por el presidente para hacer una visita diplomática a un niño. Un bebé nacido en un país muy lejano y de quién decían era el Rey de los Judíos. Sus nombres eran Gaspar, Melchor y Baltasar.
En cuanto se enteraron de su designación, decidieron reunirse en el Salón Amarillo del Palacio de las Garzas.
—Bueno, Señores, hemos sido encomendados en esta importantísima misión, y obviamente no podemos llegar con las manos vacías—comenta Melchor—. Debemos llevarle a este niño regalos que nos permita mantener buenas relaciones diplomáticas y tener derecho a solicitar milagros en un futuro.
--Pues pensemos en algo a la altura de este futuro Dignatario—pide Baltasar.—Gaspar, tú que tienes experiencia en relaciones públicas, ¿qué sugieres?
--Me alegra mucho que me hayan preguntado.—dice Gaspar mientras se pone de pie y se acomoda la túnica.—Les tengo el regalo ideal, un regalo magnífico que le brindará largas horas de risa y diversión no sólo al niño Jesús, sino también a sus amiguitos y vecinitos del barrio de Belén. ¡Vamos a llevarle una piscina inflable!
Mientras Gaspar dice esto, levanta las manos hacia el cielo, sonríe y mira a sus Melchor y Baltasar con cara de segura alegría, y esperando en respuesta miradas de aprobación. Melchor mira a Baltasar, Baltasar mira a Melchor, mira a Gaspar, vuelve a mirar a Melchor quien voltea a mirar a Gaspar; finalmente Melchor y Baltasar se miran fijamente, hasta que finalmente Baltasar exclama:
--Gaspar, no me parece útil llevarle una piscina inflable a un bebé recién nacido, que no sabe ni caminar. Además vive en un establo, su mamá está desempleada y su papá es carpintero. Y la poca agua que tienen la sacan de un pozo. Creo que debemos pensar en otra cosa.
--Pues si lo quieren ver por ese lado…Déjenme ver entonces que podemos ofrecerle…—responde Gaspar, mientras camina por todo el salón con una mano en la barbilla y otra en la espalda, en claro gesto de meditación.
Luego de algunos minutos, se detiene en seco, y exclama nuevamente con alegría:
--¡Ya sé! Ahora sí la vamos a botar. Vamos a invitar al niño a venir a Panamá, para sea el protagonista del primer nacimiento en vivo de la historia, ¡romperemos el record Guinnes! Podemos hacer una parada y, además, invitar a todos los canales nacionales e internacionales para que cubran el evento…
Gaspar no puede terminar la descripción de su magno evento, porque Melchor lo interrumpe.
--Pero, Gaspar. A este niño lo está buscando Herodes para matarlo. ¿¡Cómo vamos a exhibirlo ante una multitud y a invitar a las televisoras!?
--¡Bueno pero ustedes todo lo critican!—chilla Gaspar- ¿Acaso no quieren que el niño Jesús disfrute de la Navidad? ¿Por qué no me dejan trabajar?—pregunta, con los ojos llorosos.
--Sabes que, mejor ya no sugieras nada y busca tu pasaporte que ya nos vamos—interviene Baltasar.
--¿Cuál de los dos?
--El legal Gaspar, ¡el legal!—le responden a coro.
Mientras Gaspar sale a buscar su pasaporte oficial, Baltasar y Melchor conversan:
--¿Y cómo llegaremos, si el bebé está oculto?—pregunta Baltasar.
--Tengo instrucciones de seguir una estrella—responde Melchor
--Imposible, con el humo negro que emanan los diablos rojos jamás podremos divisar ninguna estrella.
--Entonces lo rastrearemos por google latitude. Iremos en el avión presidencial.
--No hay avión presidencial.
--Pero, ¿no lo donó Taiwan?
--Primero sí, después ya no. Ahora no se sabe.
--¿Y el avión viejo?
--Lo están usando para llevar a la ganadora de Vive la Música a Disney.
--Nos tocará tomar un vuelo comercial, ni modo. Llama un taxi para ir al aeropuerto.
--No hay taxis, están en huelga. Se quejan porque en tan sólo tres años no han podido pintar los vehículos de amarillo, y solicitan otra prórroga.
--Ah caramba. Vayamos en metro pues.
--Eso no existe.
--Pero si yo he visto el logo. He hablado con los miembros del Comité del Metro. ¿Cómo que no existe el Metro de Panamá?
--Sí, hay todo eso, menos el metro. El metro estará listo dentro de diez o veinte años.
--¿Cómo alguien se trasporta en este país entonces? ¡Pues iremos en taxis piratas, pero nos vamos ya!
Una vez solucionados los inconvenientes, los tres sabios parten con rumbo a Belén, acompañados por una delegación de 42 personas. Tienen como fecha de cortesía de sala el 25 de diciembre pero, como hicieron una escala en Tel Aviv para ver un concierto de electrónica y hacer algunas compras, llegan el 6 de enero.
La delegación panameña ofrece al niño Jesús como regalos un título de propiedad de una tierra que no es del gobierno panameño, una canasta de mangos y una botella de Ron Abuelo añejo. María y José los reciben con alegría y humildad, sin quejarse por la cantidad exagerada de gente no invitada, y sin criticar el hecho de que hayan colocado la bandera de Panamá al revés a la hora de tomar las fotos oficiales.
Una vez finalizado el acto protocolar, Gaspar se toma fotos con el niño Jesús y la sube a su Facebook, Melchor saca a bailar a María y Baltasar conversa sobre política con José.
Al retirarse, ya con la satisfacción de haber cumplido su deber y dejado en alto el nombre de Panamá, van conversando.
--Estas jorobas de estos camellos me están matando—se queja Gaspar—. Debieron dejarme alquilar los carros descapotables, como lo sugerí.
--Deja de quejarte y acelera el camello, o no regresaremos a tiempo para carnavales—dice Melchor.
--Después de todo, ¿a ese bebé quién lo nombró el Mesías?—pregunta Baltasar—. Porque yo tengo un ahijado. Juditas, se llama. No es muy santito, pero seguro algo podemos hacer para que ocupe ese puesto…
martes, diciembre 29, 2009
¿Qué hay para Año Nuevo?
Ya lejos de los sentimientos de tristeza o nostalgia que provoca la Noche Buena, a partir del 26 de diciembre la pregunta de rigor entre contemporáneos es: ¿Y que hay para Año Nuevo? A esta frase, que en estos momentos es repetida casi a coro a lo largo de la ciudad, y multiplicada de muro en muro a través de facebook y twitter, le sigue—en el 70% de los casos—la temida respuesta: "No sé, pero si haces algo ¡avísame!"
Parece que atrás quedaron los tiempos en que los jóvenes iban a la fiesta de fin de año en el Figali, y sus papás (aquellos que sabían que no tenían por qué quedarse en casa) iban al Hotel el Panamá. O estos clásicos no han resultado muy rentables este 2009, o no merece la pena despedir el último año de la década (la década de los 00's?) con una magna celebración.
Sea como fuere, al igual que el año pasado, y el anterior a ese, la disposición está, pero los planes concretos no. Gastadas están las noches en discotecas con "tributos bailables" que puedes encontrar durante todo el año a un tercio del precio del que está la entrada la noche del 31. Algunos señuelos como "champaña"—algún día escribiré sobre la publicidad engañosa—gratis y pre-venta "limitada" no son suficientes.
Mientras pocos afortunados seres pasarán su última noche del 2009 en Las Tablas o en la playa, los que por alguna razón debemos quedarnos en la ciudad no tenemos mayores opciones.
Buena idea tuvo la Junta de Carnaval a hacer una comparsa con las candidatas a reina y recibir las 12:00 m.d. en Plaza Edison, invitando a los asistentes a ir vestidos de blanco (ojo que escribí buena idea, no original idea). Triste realidad que aquí en la ciudad no se puede hacer nada gratis sin que llene de maleantes, borrachos y seres silvestres que dejen claramente establecido que, siendo una ciudad tan pequeña, no podemos convivir armoniosamente una noche como se haría en Río de Janeiro. ¿A qué me refiero con esto? A tipos orinando en las esquinas, grupos de hombres gritándole cualquier barrabasada a grupos de chicas que quieran ir a disfrutar de la actividad, peleas callejeras y tumultos de gente corriendo desaforada porque se reventó una llanta y todos pensaron que era una bala perdida.
Aquí sobran los artistas, paisajes, infraestructuras y mentes creativas con la capacidad de organizar un evento único, divertido y diferente, que nos hagan esperar con ansias la noche del despedida del año sin salir de la ciudad. Imaginémonos un evento de fin de año en las escalinatas del Administration Building, haciendo una cuenta regresiva como la que tuvimos el día de la reversión del canal, sentados en la grama con nuestros seres queridos y un cooler lleno de champaña (real o de mentira). O una alegre tuna recorriendo el causeway, celebrando hasta el amanecer y apareciendo como fondo de las fotos el Puente de las Américas.
Qué probablemente haya que cobrar un cover y eliminar mi amado reggaetón de la cartelera musical para que la gente que acuda se comporte, pues sí. Pero valdría totalmente la pena intentarlo.
martes, diciembre 22, 2009
Llega Navidad, ¿y yo? Sin Ti.
No recuerdo bien cuál fue el último año en el que contaba con ansias los días para que llegara el 25 de diciembre. Creo que fue en 1989, el año de la invasión. Yo tenía ocho años, pero ya mis papás habían optado por desvelarse como mis auténticos benefactores y únicos responsables de todas las cosas que había debajo—y sobre, y alrededor—del arbolito. Aún así, el hecho de que mis regalos fueran producto del décimo de diciembre, y no de los duendes del polo norte, no descartaba el hecho de que yo tenía que esperar hasta la mañana del 25 para abrirlos todos.
Mi cuenta regresiva ya iba por menos cinco, cuando una madrugada me despierta mi mamá y me dice: "Laury, mañana no hay clases". Entre dormida y despierta, asentí y me volví a tapar hasta la cabeza con la manta. No fue hasta el día siguiente que supe el motivo, y aún 20 años después no logro dilucidarlo del todo.
Con mis inesperadas vacaciones (por alguna razón que no recuerdo aún en pleno diciembre yo apenas iba por el tercer bimestre) la urgencia por abrir todos mis juguetes fue mayor. Sin embargo, me distraía jugando con mis vecinas y los juguetes que los vecinos decidieron repartir un día, producto del saqueo. Mi ecuación de Espíritu Navideño era Saqueo=Compartir.
Ya sin más, una noche del 23 de diciembre, todos los vecinos del edificio, mi mamá y yo nos reunimos a brindar en la escalera (grandes con ron ponche, pequeños con soda) y a celebrar la Navidad anticipada. Con ello los papás dieron luz verde a que los niños abrieran sus regalos. Así, sin mayores pretensiones ni grandes banquetes, dimos gracias a Dios por estar bien y juntos, en medio de tanto caos e incertidumbre, y celebramos de corazón la llegada del Niño Dios.
Esa es la penúltima auténtica escena navideña que recuerdo.
Este año, al igual que muchos otros anteriores, la Navidad sigue significando urgencia, pero por otras cosas igualmente banales. Urgencia por cobrar los ahorros de Navidad y comprar todos los regalos a tiempo. Ansias por comer galletas, dulces y chocolates. Premura por bajar algunas libras y verme regia el día de la fiesta navideña. Agobio por querer terminar todo a tiempo en la oficina y poder irme a la una en punto el 24 de diciembre. Angustia porque, sin yo quererlo, en mi pensamiento se cuela la imagen de quien está feliz sin merecerlo (y sin yo importarle).
En medio de mi caos mental y emocional navideño, una querida amiga me recordó: "Pero, Laura, la Navidad es la llegada del Niño Jesús". Y sí, que regalo tan grande sería mantener siempre ese sentimiento en mi corazón y poder compartirlo con quienes me rodean.
Ya casi llega otra Navidad, y aunque no estoy con el mayor espíritu Navideño, puedo empezar este año por dejar de asociar la Navidad con hechos triviales. Y así, poco a poco, cada año me puedo deshacer de mi "Grinch" interno e ir dejándome embargar por el verdadero significado de todo esto: la venida al mundo de Alguien que nos da una verdadera oportunidad de una vida eterna sin urgencias, sin agobio y sin angustia.
Feliz Navidad.
martes, diciembre 15, 2009
En Espera de los Magistrados
lunes, diciembre 14, 2009
Boscoholismo Musical
Audio:
http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2009/12/14/hoy/las_pischinas_pedrito_altamiranda.mp3´
martes, diciembre 08, 2009
¿Una Diana para Isabel?
domingo, diciembre 06, 2009
Conductora Torpe en el Tranque Inteligente
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